Muy bien, iba a dejar esto para otro día pero si lo hago probablemente lo olvide y, de todos modos, es mucho mejor escribir mientras los sentimientos están frescos.

Resulta ser que el día de hoy mi papá decidió que ahora sí iríamos a misa, puesto que tiene una imagen de San Judas Tadeo y de la Virgen de Guadalupe que quiere bendecir. Cosa que, por diversas razones, ha postergado y postergado… En fin, nos dijo a mi hermana y a mí: “ahora sí vamos”, con mucha convicción.

Así, llegamos al terrenito en donde se está construyendo la Parroquia del Divino Niño (confieso que no estoy segurísima de que sea éste el nombre, pero me parece que sí es) en Playa del Carmen, Q. Roo. Ahí la misa es el domingo a las 8:30 y la oficia el padre Pablo, mismo que oficia las misas en la Universidad Interamericana para el Desarrollo sede Playa del Carmen.

La cosa sucedió después del Evangelio: el padre empezó a decir algo sobre que el domingo pasado no hubo tantos feligreses y que, probablemente fue la lluvia que los ahuyentó. Luego explicó que a menos que hubiera alerta roja por huracán o ciclón, “siempre hay misa”.

Después empezó la llovizna, ésta se intensificó y mi papá me pidió correr a la casa para asegurarme de que las ventanas estuvieran cerradas. Y llegó la tragedia…

Cuentan mi padre y mi hermana, con rostros de decepción pura, que el padre tomó sus cosas y se apresuró a subir a su vehículo. Ellos se acercaron al sacerdote y le pidieron que bendijera rápidamente las imágenes que llevaban.

En palabras de mi papá: “No esperábamos que sacara un altar y el agua bendita, que se bajara e hiciera toda una ceremonia, sino que lanzara una bendición breve desde su auto…”

¿Y la respuesta del religioso?

“Tengan sentido común.”

Tras lo cual subió la ventanilla del coche y éste arrancó.

No sé si alguien que lea esto sienta la misma indignación o decepción que siento y/o que sienten mi hermana y mi papá, pero les ruego que si alguien tiene algún comentario u opinión sobre esto, se expresen acá abajo…

Cambio y fuera…